Esta es una época para recordar y honrar la memoria de los seres queridos que han partido.

En el país se celebra cada 1 de noviembre el Día de Todos los Santos y, el 2 del mismo mes, se recuerda a los fieles difuntos. Estas celebraciones son de las más importantes, son producto del sincretismo que caracteriza a nuestra sociedad.

Lo más significativo de la tradición guatemalteca son las visitas a los cementerios, ese día las necrópolis se llenan de colorido. La gente se prepara para limpiar, pintar y adornar con flores de muerto o crisantemos.  En este día se visitan los cementerios,  se recuerda a los ausentes, se les lleva flores, comida, bebida, música y se comparte en su memoria. Además, mucha gente que vive en la capital y lugares aledaños, pero que son originarios de otras áreas, aprovechan el descanso para visitar sus comunidades y a sus difuntos.

Se tiene la creencia de que hay que llevarle al difunto las cosas que más amaba cuando estaba vivo. Todo se coloca en el lado en donde está la cabeza del difunto para que cuando él regrese del más allá pueda ver el ritual de ofrendas. “El objetivo central es comer ahí en el cementerio, para compartir con los que físicamente ya no están”, comenta Deyvid Molina, investigador del área de Religiosidad Popular del Centro de Estudios de las Culturas de la USAC.

Explica que lo común para estos días es hacer el platillo de conservas, porque antes eran días de guardar, en los que no se cocinaba. Por eso es común comer platos como el chilacayote, los jocotes en miel y el fiambre.

Fotografía de Fernando Chuy

Celebración atípica

Debido a las medidas establecidas para prevenir la propagación del coronavirus, se restringió el acceso a los cementerios. Sin embargo, hay un vínculo tan fuerte con esta celebración que, a pesar de las limitaciones y de las posibilidades de enfermarse, hay gente haciendo cola para poder visitar a los difuntos; sobre esto, Molina señala: “Es muy difícil romper con una tradición y pedirle a la gente que no asista, porque todo esto está muy arraigado”.

 

¿Cómo surge la celebración?

La veneración a los difuntos y a los antepasados está presente en todas las culturas del mundo, por eso a los muertos se les entierra y se hacen ritos especiales. “En las culturas, en general, existe una creencia del más allá, de la otra vida. Entonces a ellos hay que honrarlos, no hay que olvidarnos de los difuntos”, explica Molina.

Comenta que la actual celebración llega al país con la mal llamada Conquista, la invasión española. En el siglo XVI, en Europa, ya celebraban a los muertos, especialmente, desde la época de los primeros cristianos, porque ellos honraban a sus muertos, a sus mártires y, generalmente, la celebración coincide con estos dos días.

La celebración de Todos los Santos se da porque en el calendario, a lo largo de la historia, se han ido creando días para santos específicos, como San Francisco, Santo Domingo y Santa Catrina. No obstante, el 1 de noviembre, se recuerda a todos los santos que existen, pero que no tienen un día de celebración.

Por otro lado, el 2 de noviembre se conmemora a los fieles difuntos, todo aquel cristiano que ha muerto en gracia con Dios, según las creencias católicas, esperando la resurrección para la vida eterna.  “El caso de Guatemala es bastante particular, porque el 1 de noviembre es el día que tiene más auge, es cuando la gente visita los cementerios, mientras que en México la festividad más grande es el 2 de noviembre”, afirma Molina.

Fotografía de Fernando Chuy

Múltiples celebraciones y visiones

La cosmovisión maya también honraba y celebraba a sus muertos; sin embargo, esta festividad fue adoptada como parte del proceso de evangelización, a pesar de eso, en muchos lugares del país la celebración empezó a adoptar características únicas.  

Los barriletes gigantes

Los barriletes gigantes que se vuelan en Santiago y Sumpango, en el departamento de Sacatepéquez, surgen a finales del siglo XIX; específicamente, en Santiago Sacatepéquez. Sin embargo, hay cierta rivalidad por decir cuál fue el primer pueblo en donde empezó esta celebración.

La gente en estas comunidades tiene la creencia de que los barriletes son mensajeros de las personas que estamos en la tierra hacia los que ya no están, constituyen una forma de decir que estamos bien. También se dice que son para alejar a los malos espíritus que rondan durante estos días.

Las carreras de caballos

En Todos Santos Cuchumatanes hay una carrera de cintas y de caballos; es fuerte, de mucha resistencia. Ellos son una especie de mensajeros con el más allá. La carrera se realiza como una prueba de destreza, generalmente, los jinetes realizan su travesía altamente alcoholizados. “Prácticamente ese día todo el pueblo anda en gran fiesta, tanto hombres como mujeres se encuentran en estado de ebriedad”, expone Molina.

 

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