Nadie pensó que el mundo podía detenerse de golpe, y esto ha dejado a su paso una serie de complicaciones en la economía internacional, peor aún en países como el nuestro, donde ha salido a luz un Estado frágil y casi inexistente.

Para Guatemala, mejorar la economía es todo un reto, el 70 % de su población depende del comercio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que la economía mundial entró en una etapa de recesión tan aguda o peor que la de 2009. La COVID-19 sigue devastando vidas y medios de subsistencia, golpeando con más fuerza a los vulnerables.

El coronavirus no ha hecho diferencia de clases sociales, edades, razas, creencias religiosas e ideológicas; todos los seres humanos han sido presa de los contagios. La pandemia llegó como un huracán y arrasó con todo a su paso dando duros golpes a la salud de miles de personas en el mundo, incluso, provocándoles la muerte. Nadie pudo imaginar que todo el mundo se detendría a causa de la pandemia.

Hay millones de personas en confinamiento, comercios cerrados, desempleo, hambre y una economía enferma. Además, a su paso, la pandemia evidencia un sistema de salud raquítico y un Estado que no ha sido capaz de resolver temas vitales.

La llegada sorpresiva de la pandemia ha dejado al descubierto que los Estados permanecían más interesados en producir capital que en generar condiciones económicas y sociales que garantizaran el derecho a la vida con la atención a las necesidades más básicas de la población.

El Fondo Monetario Internacional expuso que, como resultado de la pandemia, proyecta que la economía mundial tenga una contracción de 4.9 % en 2020, cifra que es peor a la registrada en 2008-2009 durante la crisis financiera.

No obstante, la entidad internacional señaló que la actividad económica en el mundo crecería 5.4 % en 2021, si la pandemia se disipa en el segundo semestre de este año y las medidas de contención pueden ser replegadas gradualmente.

El Periódico de la USAC conversó con varios expertos en materia económica y social, con el fin de presentar el panorama en el que actualmente nos encontramos y hacia dónde vamos.

Para el analista Edgar Gutiérrez, director de la Fundación Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), la economía se contraerá este año. “La última estimación del Banco Mundial es una caída del 3 %, que contrasta con el Banco de Guatemala, quien indica que la contracción será del 0.5 %. Es más ajustada a la realidad la estimación que hace el Banco Mundial”.

Asegura que hay muchas cosas más en qué preocuparse, como la baja de la demanda interna, porque el desempleo va a crecer. La estimación es que unas 300 mil personas del sector formal perderán las plazas de trabajo e incrementará la economía informal, que actualmente es el 70 % de la fuerza laboral. Para fin de año, esa proporción podría subir al 80 %.

Para el analista socioeconómico Edgar Balsells, del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IPNUSAC), estamos en una situación preocupante de crecimiento económico. “Por ejemplo, en México, el indicador que mide la tasa de crecimiento es el PIB; tendrá una caída de -7 u 8 %; normalmente, el crecimiento en el mundo era de un 3 o 4 %. China aumentará en una tasa más alta: 6 %, pero ahora crecerá en un 1 %”.

Lo anterior quiere decir que el consumo se está contrayendo, hay empresas muy afectadas. El tema más preocupante con esos indicadores son las tasas de desempleo, las cuales son altas. En Estados Unidos la tasa de desempleo era del 2 o 3 % al año. Ahora la baja es del 10 o 14 %, citó.

 

Caída del neoliberalismo

Los indicadores de pobreza incrementarán si no se realiza gasto público.

Lo que ocasiona la cuarentena es frenar la economía mundial, pero esto también provoca una serie de políticas muy activas. Balsells asegura que las recomendaciones de centros vinculados con universidades privadas, que son las que han dominado, dicen que es el mercado quien nivela el crecimiento y que el Estado debe reducirse al mínimo, así como su presupuesto. Estas posturas se han destruido con lo que ocurre actualmente.

Continúa diciendo: “Vuelven a salir políticas para ampliar el gasto público; por ejemplo, en Estados Unidos, el indicador de Wall Street se mantiene en la inversión y es precisamente porque hay un seguro de desempleo muy alto. Además, la Unión Europea acaba de sacar un programa de ayuda a los países europeos y al mundo”.

Ahora se está produciendo una serie de propuestas que nosotros en la Universidad de San Carlos de Guatemala hemos planteado, en las que el Estado tenga participación activa en la economía. Eso es lo que está sucediendo en el mundo, están cayendo derrotadas muchas teorías económicas neoliberales.

En el mundo, los líderes locales y los alcaldes han estado trabajando en el tema sanitario, agua potable, bienes públicos, seguridad social, salud universal, universidades públicas y no privatización de servicios. Esas son teorías que hemos manejado en la USAC y vuelven a tener importancia.

Con la caída del sector privado, lo público está emergiendo en todos sus aspectos, menciona el economista. Asegura que están emergiendo esquemas de política económica que se pueden ver en CEPAL, SICA, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que tratan de apuntalar la economía con transporte y sanidad pública, así como el bono familiar a la economía informal.

“Desde los años 70 en las facultades de ciencias sociales y economía de la USAC, hemos propuesto un paquete de políticas, las cuales evidencian que, ante una fatalidad, pueden edificarse modelos menos individualistas. Hay críticas a los más ricos para que paguen impuestos, que se priorice el gasto público para los vulnerables, mujeres solas con hijos pequeños, las minorías y áreas marginales. Todo esto está resurgiendo en las políticas públicas”.

 

 

Programas de asistencia

La baja de la demanda interna provocará que crezca el desempleo. La estimación es que unas 300 mil personas del sector formal perderán las plazas de trabajo.

Los especialistas en la materia afirman que el esfuerzo principal es mantener la demanda a través de programas de asistencia, porque si no hay demanda, entonces caemos en una situación mucho más complicada. Sin demanda, se cae la oferta y el descenso de precios puede también desestimular la producción.

“Creo, dice Gutiérrez, que es necesario mantener la demanda a través de programas de asistencia técnica y apostarle como nunca a la producción agrícola”. Guatemala tiene mucha fortaleza, puede integrar perfectamente su mercado en Mesoamérica y reactivarse en la producción de verduras, frutas, legumbres y otras actividades de la economía. Los sectores económicos que tenían problemas van a tener que reinventarse, el mercado del azúcar viene hacia la baja desde hace algún tiempo, y es una caída estructural, no coyuntural, asegura.

Hay que recordar que el Congreso aprobó una gran cantidad de decretos, infló el presupuesto en más de 20 mil millones de quetzales, dedicados al bono familiar, tal vez el programa más grande. Hay 10 programas que están siendo financiados con eso, más 7 préstamos externos. El problema es que la administración pública es muy fallida, y esto no lo demuestra la pandemia, lo dice la historia del país.

“La falta de aplicación de los programas se debe a la burocracia e incapacidad, se han cambiado constantemente las autoridades; esto tiene que ver mucho con la transparencia de las adquisiciones del Estado, la ineptitud y los procesos engorrosos”, comenta Balsells.

Dentro de estos programas surge el apoyo a la economía informal; a las empresas, para capitalizarse con créditos; y una serie de acciones coordinadas con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).

El ministro del MAGA llegó a un acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos para distribuir 200 millones, aproximadamente, a las áreas vulnerables. Se supone que las áreas más deprimidas son Alta Verapaz, el corredor seco, el Altiplano, San Marcos, Huehuetenango y gran parte de la ciudad capital, explica.

Recesión

La economía informal, que actualmente es el 70 % de la fuerza laboral, para fin de año, podría subir al 80 %.

En este contexto, los entrevistados opinan que se está viviendo una recesión mundial. Para salir de ella, es fundamental el gasto público, así como tener resultados en las comunidades más necesitadas; de lo contrario, no se podrá tener una recuperación adecuada, se acentuará la pobreza y se agudizará una serie de problemas que ya existen.

Para Gutiérrez, en cuanto a las remesas, la caída, por fortuna, no será drástica. Se estimaba que sería de un 20 %, pero puede que no sea tan fuerte. Asegura que donde se tendrá más impacto es en el turismo.

La teoría keynesiana, desarrollada por John Maynard Keynes, se basa en la idea de que la intervención del gobierno puede estabilizar la economía aumentando los niveles de empleo y producción, principalmente, mediante el incremento del gasto público en períodos de desempleo.

Para Balsells, esta teoría es el remedio. “Las crisis vienen de una baja del PIB; si la economía avanza en un 4 o 5 %, la economía está creciendo, pero cuando se habla de un PIB negativo, es que estaba creciendo y hubo una caída. Entonces, cuando en un período prolongado, el PIB no levanta cabeza, se le llama recesión y la medicina para eso es el gasto público, no hay otra opción desde 1936, a partir de la teoría keynesiana”.

Reactivación

 Análisis indican que la reactivación depende de las disposiciones de médicos y expertos de la salud, ya que la pandemia podría tener una segunda ola o una duración prolongada.

Con la estructura económica, dada la globalización y el nuevo orden económico internacional para el caso de Guatemala, las economías tendieron a liberalizarse. Se necesita dar un salto cualitativo en el proceso de industrialización, aseguran los especialistas.

Se logra evidenciar que antes de la pandemia, los sectores de comercio, telecomunicaciones y construcción fueron los que más crecieron. El impacto que esto genera es una cadena que afecta a todos los sectores; entonces, la reactivación económica implica generar las condiciones para que exista más inversión, esto producirá mayores fuentes de trabajo e ingresos, con lo cual se obtienen salarios y se satisfacen las necesidades básicas.

La politicóloga Geidy de Mata, directora del Instituto de Problemas Nacionales de la USAC, explica: “Si no hay reactivación económica, certeza jurídica, inversión y dinamización de la economía, se produce desempleo, como actualmente se está viendo.

Cuando se habla de reactivación es generar inversión económica en los tres sectores; comercio, telecomunicaciones y construcción, con el propósito de obtener inversión y que existan fuentes de trabajo para reducir el desempleo, con el fin de evitar la pobreza”.

La crisis del coronavirus lo que refleja son los vínculos que existen con las causas estructurales, dice De Mata; problemas no resueltos que tienen que ver con temas sociales, económicos, la falta de fortalecimiento de políticas públicas y rendición de cuentas.

Asegura que tanto la corrupción como la impunidad han dañado al Estado. “Hoy los guatemaltecos necesitamos tener la posibilidad de priorizar las políticas públicas, pero es fundamental garantizar con transparencia una efectiva administración de la cuestión pública, para generar esos satisfactores y evitar niveles de ingobernabilidad o de conflictividad social”.

Para Balsells, hay una serie de propuestas ya no de emergencia, sino de reactivación de la economía, que consisten en cómo apoyar empresas con créditos. También la Junta Monetaria y el Banco de Guatemala han trabajado para bajar la tasa de interés; son una serie de acciones vinculadas a la política económica.

Avances

Mundialmente se trabaja en el tema sanitario, agua potable, bienes públicos, seguridad social, salud universal, universidades públicas y no privatización de servicios. Esas teorías se han manejado en la USAC y vuelven a tener importancia.

En parte, dependemos del gobierno para una reactivación económica, porque las políticas son del Estado, pero el gobierno es la máquina que ejecuta. El Ejecutivo debe ser eficiente en la canalización del gasto y hacer que el aparato estatal camine.

El último informe del Banco de Guatemala tiende a ser optimista, dice que la economía no está tan afectada con las remesas; entonces, habrá una recuperación el próximo año. Si bien el producto interno bruto puede ser que no crezca nada o crezca de forma negativa, el banco indica que el próximo año la normalidad de las inversiones del consumo podrían tener niveles que se acerquen al 3 % de crecimiento, explican analistas políticos del IPNUSAC.

Otros análisis indican que la reactivación depende de las disposiciones de médicos y expertos de la salud, porque pareciera que las consecuencias de la pandemia podrían tener una segunda ola o una duración prolongada.

La amenaza del coronavirus podría durar dos años y la economía se dispara con base en señales, si se tiene una vacuna y la claridad de que la gente puede comenzar a tomar conciencia, empieza la reactivación, pero la realidad que proporciona el área de salud es muy preocupante.

Explica Edgar Balsells que los países que mejor política exterior tienen son los que han estado en relación con China Continental. Costa Rica ha tenido apoyo de ese país, quien le ha brindado tecnología para salud. Por lo que mitigar los efectos de la pandemia también tiene que ver con cómo se conecta Guatemala con nuevos países.

En la medida en que se tenga un Estado más certero, se tiene más confianza a nivel internacional. “Si el país sigue en zozobra —como en el período de Jimmy Morales, no muy bien visto en el concierto internacional de naciones—, de alguna manera, el país seguirá enfermo. Es a través del Estado que las economías se están reactivando y se están recomponiendo los países”.

Agrega que los remedios económicos son distintos para una recesión y una reactivación, por lo que se deben atender las propuestas que la Academia ha dado para el tratamiento de la industria y el apoyo al área rural. “El país ha dejado de usar instrumentos keynesianos que son fundamentales para contrarrestar los efectos de la pandemia”.

Oportunidades en medio de la crisis

La economía puede estabilizarse si se aumentan las fuentes de empleo y producción.

Para De Mata y Balsells, en esta crisis, se hacen más evidentes situaciones del país que deben mejorarse. Hoy se está pagando el costo de lo que no se hizo antes, es por eso que la Academia insiste en que debe invertirse en prioridades como la salud y la educación.

Si se moderniza el Estado, se escuchan propuestas de expertos, se logra la transparencia, se dirige el gasto hacia los sectores vulnerables y comienza a funcionar el seguro de desempleo, el país funcionará mejor, aseguran los analistas.

Concluye: “Soy optimista en el sentido de que la crisis trae nuevos aparatos y cambios de políticas, las soluciones son pactos sociales, reducir la conflictividad y la desigualdad, crear políticas más certeras”.

 

La sociedad podría evolucionar otra vez  hacia un modelo de paternalismo de Estado

Para abordar los efectos sociales, producto de la pandemia, el Periódico de la USAC platicó con el politólogo Cristhians Castillo, analista del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala, quien explicó ampliamente las consecuencias que pueden producirse si el país entra en una crisis de gobernabilidad.

La pandemia llegó a Guatemala en un momento de transición política, ¿cómo se concibe esto?

La situación obligó a que la nueva alianza política que llevó al presidente Alejandro Giammattei al poder se preocupara del tema sanitario como el elemento central de la administración del Estado.

Estos meses han dejado al descubierto tres grandes premisas: la primera es que el Estado de Guatemala, como la mayoría del mundo, sacrificó el Estado de bienestar por un Estado de beneficio al mercado y ahora nos pasa la factura por no tener un sistema de salud capaz de atender las necesidades de los infectados.

La segunda es que la alianza conservadora que llevó al poder a Giammattei se está rebelando para no perder su margen de ganancia con la pandemia y poner en riesgo sus propios capitales, situación que los está conduciendo a romper las medidas de confinamiento.

La tercera consiste en una sociedad con prácticas culturales que nos hacen mucho más vulnerables al contagio. Juntando las tres, lo que tenemos es un caldo de cultivo social que nos hace mucho más endebles que otras sociedades en el mundo.

Esta es la primera ola del virus, aún no llega el ascenso, ¿qué se puede esperar?

El gobierno empezó a relajar las medidas de confinamiento, principalmente, para el Día de la Madre; redujo el toque de queda; y buscó abrir la economía en momentos posteriores al cierre total del país.

Lo que se causó en el inconsciente colectivo fue que todos dijeran “Sálvese quien pueda”, entonces se empezó a experimentar un ascenso rápido en el contagio interno. Seguimos escalando en la primera ola de contagios y me parece que el riesgo más grande cuando empiece a desescalar el confinamiento será someter a la sociedad a un nivel de contagio comunitario sin control.

¿Ya tenemos a un gobierno desgastado?

En cuanto al desgaste del Gobierno Central, al presidente, en particular, lo llevará a un punto de poca credibilidad, en donde la sociedad quedará a merced de su propia defensa para evitar o afrontar el contagio.

La segunda ola no solo será mucho más masiva, sino que además vamos a estar 4, 5 o 6 meses con una economía paralizada, y será casi imposible sostener el nivel de consumo.

Empezaremos a experimentar los primeros casos de desabastecimiento y, obviamente, el incremento de los brotes por la misma necesidad de subsistencia de condiciones de confrontación de clases.

Esa confrontación estuvo cuando el gobierno decidió cerrar la economía durante un fin de semana y vimos cómo la reacción de los pueblos más alejados de las zonas urbanas representaba también entrar en un choque de clases, en el que el pensamiento era “Si a nosotros los pobres nos bloquean nuestros productos, entonces bloqueamos la distribución de los productos de los ricos”.

La sociedad es muy dada a esas confrontaciones ideológicas y de clases, que en esa segunda ola, pondrán en riesgo la paz social e incrementarán el sufrimiento colectivo.

¿Qué escenario se prevé?

Nos encontramos en uno de los contrasentidos más grandes de la historia de Guatemala porque la incapacidad de ejecución del Estado no es por falta de recursos, sino por desinstitucionalización, producto de las decisiones de reducir el Estado en nuestro país.

Ahora que hay dinero no hay quién sepa cómo gastarlo y en qué invertirlo prioritariamente; es un contrasentido lo que digo, pero es la caricatura que plantea la realidad del Estado guatemalteco.

La tendencia de todos los países en el mundo fue aprobar presupuestos o programas de salvataje en medio de la pandemia. En los últimos 40 años el Estado nunca había invertido tanto en la población, el único gobierno que lo hizo fue el de la Revolución, después al Estado nunca le había pasado por la mente gastar 11 mil millones de quetzales.

Sin embargo, ahora que la pandemia y la tendencia internacional obligan a que ese tipo de acciones de salvataje se den, no hay quién pueda ejecutar. Hay un Ministerio de Desarrollo Social que durante el gobierno de la UNE fue utilizado de manera clientelar, precisamente para lograr apoyos políticos.

Durante el gobierno del Patriota, que había sido el principal detractor de los programas sociales, lo que se hizo fue crear el Ministerio de Desarrollo Social, sin ningún resultado; un total foco de corrupción.

El gobierno de Jimmy Morales, en su completa incapacidad e ignorancia, jamás utilizó ese ministerio, ahora pretendemos que, en cuestión de dos meses, ejecute 8 mil millones de quetzales. Ese es el gran contrasentido de las élites rancias de nuestro país, que van a decir otra vez que es culpa del Estado, que hay corrupción, que el dinero no llega; no es eso, lo que pasa es que el Estado no existe.

Ellos mismos se encargaron de destruirlo, desarmarlo y reducirlo. Ahora que se necesita de esa institucionalidad, sencillamente no está. Entonces no se le puede achacar a este gobierno la poca capacidad de ejecución por dos cosas. Una: es un gobierno nuevo que ha demostrado claramente que no sabe cómo funciona el Estado, porque no ha tenido ni la capacidad de levantar los procesos de compras, y, por otro lado, le toca administrar los préstamos aprobados con un aparato estatal casi inexistente, un Estado que no está presente en el territorio, que no tiene la capacidad institucional de dar resultados.

Como segundo punto, se tiene una población a la que ya se le agotó la paciencia por estar confinada, la cual sabe que hay recursos que pueden servir, pero ven a un gobierno que no tiene la capacidad de trasladárselos.

¿Con ese panorama qué podría pasar?

La sociedad evoluciona otra vez hacia un modelo de paternalismo de Estado; es decir, espera que el Estado le dé solución a todos los problemas. El Estado le dará 1000 quetzales a los pobres, 75 diarios a los desempleados y 250 mil a los empleados que se queden sin capital.

Con esto, se verá al Estado como el “todopoderoso” que resuelve los problemas de todos en el país, eso es cambiar del clientelismo político al paternalismo de Estado, que es mucho más peligroso porque es el causante del subdesarrollo de muchos países de América Latina, esto se ha demostrado en las últimas seis décadas.

Este paternalismo de Estado se puede sostener si y solo si el Estado tiene la capacidad de controlar a la sociedad. Entonces volvemos a la lógica de los años 70 y 80 en Guatemala, en donde el Estado se vuelve represor, con la justificación de combatir la pandemia, resta libertad, controla la sociedad y reprime a los que están en su contra.

Vamos perdiendo las garantías que se han ganado con sangre y sudor en el país, pero en este momento de transición política, los sectores conservadores que llevaron al poder al presidente podrán hacer uso del monopolio legítimo de la violencia del Estado para controlar a la sociedad y generar una lógica de dominación para lograr contener la pandemia.

¿Qué pasa con la clase media, que ha tenido la capacidad de generar movimientos masivos?

La pandemia lo que hace es romper los vínculos sociales que crearon los movimientos en el mundo. En este momento, toda la energía social que llegó a las plazas por la renuncia de Otto Pérez está confinada, entonces se eliminó la posibilidad de un movimiento masivo de calles que pueda resistir los embates de un Estado totalitario o de un gobierno autoritario.

Se ha anulado la capacidad de manifestación, por un lado, por el miedo al contagio. El confinamiento nos acomoda, trabajar desde nuestra casa para sobrellevar la pandemia por 4 o 5 meses provocará que no queramos salir a la calle para confrontar la violencia a los derechos y libertades que pueda darse. Esto es un golpe para esos movimientos indignados que en más de 90 países en el mundo llevaron a poner en entredicho la economía y el modelo de gobierno.