En la fotografía aparece el portal del comercio, estructura de la época de la independencia, propiedad de la familia Aycinena que aún sobrevive. 

Desde una mirada crítica, académicos sancarlistas invitan a analizar este hecho histórico, del cual fueron excluidos indígenas y ladinos.

Este año se conmemora el bicentenario de la “Independencia centroamericana”. Este hecho representó una serie de consecuencias para el país que todavía no logran superarse. Con motivo de analizar científicamente este acontecimiento, la Universidad de San Carlos de Guatemala, mediante un grupo de académicos, abordará sus causas y desarrollo para fortalecer la memoria histórica de la población.

El Consejo Superior Universitario de la USAC creó en 2020 la Comisión Bicentenario de la Independencia de Centroamérica, adscrita a la Dirección General de Docencia (DIGED) y coordinada por el Dr. Mario Roberto Morales.

Esta agrupación, a través de actividades académicas, ha hecho un llamado a conmemorar de forma crítica este proceso histórico y a no celebrarlo como lo plantea el Gobierno. Desde que la comisión empezó su trabajo se han llevado a cabo más de 60 conversatorios en línea con historiadores y científicos sociales de Guatemala, el resto de Centroamérica y México.

“El objetivo es quitar ese velo, desenmascarar un hecho que la historia tradicional, deliberadamente, ha tergiversado. Se mantiene una visión distorsionada de lo que significó, ha significado y significará. Lo que se busca es reflexionar sobre la Guatemala que actualmente tenemos”, comenta la Dra. Artemis Torres, historiadora e investigadora titular del Centro de Estudios de las Culturas en Guatemala de la USAC.

En opinión de Edgar Barillas, investigador de la Escuela de Historia de la USAC, la efeméride ha sido utilizada para transmitir una idea de identidad nacional que no abarca a muchos sectores de la población: los pueblos indígenas, la mujer, la diversidad sexual, los afrodescendientes, entre otros.

Como expresa Morales:  “A mí me parece que los que van a celebrar son el Estado y la Iglesia católica, de hecho, también la derecha empresarial”. Agregó que esto se comprueba con las construcciones conmemorativas del Gobierno, también se emitieron billetes y monedas alusivas a los doscientos años e instituciones como el Organismo Judicial gastan 98 000 quetzales en artículos para los mismos fines. También la Sociedad Bíblica de Guatemala produjo una biblia con el mismo motivo.

“La universidad no celebra este hecho eminentemente planificado por la élite criolla, que dejó afuera a los ladinos y a los indígenas”, indicó.

Acerca de la finalidad de esta comisión, la Dra. Artemis Torres dice: “El objetivo es posicionar una postura científica y académica con respecto a la conmemoración, para crear conocimiento a través de fuentes sustanciales. En función de eso, se están presentando libros, conferencias, muestras de cine y videos explicativos para difundir masivamente este mensaje”.

Conmemorar críticamente significa que se está analizando el hecho desde las ciencias sociales, las causas, desarrollo y consecuencias para el país del supuesto acto fundacional. “Esta es una nación hasta la fecha excluyente e inconclusa”, señala Morales.

“Guatemala aún está por construirse, para ello, todo el pueblo debe sentirse reflejado en la Constitución, leyes, ministerios, órganos del Estado y todas las esferas de la vida pública”, afirma Barillas.

Por eso la comisión aborda el hecho histórico desde varias perspectivas: política, económica, cultural, literaria, periodística, entre otras. “Hemos trabajado con universidades centroamericanas y otras instituciones”, dice Morales.

El proceso de Independencia y el Plan Pacífico

La Dra. Artemis Torres explica que hace 200 años, cuando asumió el poder la oligarquía, fueron excluidos principalmente los indígenas y campesinos. Dejarlos fuera de un proyecto político tan importante ha repercutido en nuestro Estado fallido.

Hubo un pacto que quedó registrado en el Plan Pacífico de Independencia, un documento encontrado en una antigua casa de la familia Aycinena, redactado en agosto de 1821, hallado por Enrique del Cid Fernández, quien lo publicó en septiembre de 1963 en El Imparcial.

Allí se revela cómo el proceso terminó siendo un plan ejecutado por los conservadores para que el movimiento independentista no fuera genuinamente ciudadano, sino una pantalla para que el poder quedara en manos de la clase económica dominante.

El escrito señala que Gavino Gaínza, un militar español, sería el primer gobernante de la nación incipiente, quien, a su vez, era el último de los presidentes de la Capitanía (representante de la Corona española). Este asumiría como presidente de la nueva República.

Además, se acordó que los españoles que vivían en el país serían protegidos, sin perder sus privilegios. Todo fue previsto desde el inicio para preservar los intereses de una minoría.

En esa época la élite económica ya estaba formada por clanes familiares, los Aycinena eran los más importantes porque tenían un fuerte poderío económico que se refleja en la propiedad de toda una manzana de terreno frente al actual Parque Central, en donde, desde esa época, está representado el poder del Gobierno y el religioso junto al económico, con el Palacio Arzobispal, el Colegio de Infantes, el Ayuntamiento, el Palacio de los Capitanes Generales y la Comandancia de Armas en esa época.

Todo el Portal del Comercio, que aún sobrevive, y toda la manzana, en donde ahora se ubican el Edificio del Centro, Pasaje Rubio, Pasaje Aycinena y edificio Elma, eran originalmente la mansión Aycinena, quienes en esa época controlaban todo el comercio de Centroamérica.

“Las familias aristocráticas querían una Independencia de estilo conservador, que les permitiera a ellos libertad de comercio para negociar con Inglaterra, algo prohibido por el régimen español. El Plan Pacífico es una puesta en escena del 15 de septiembre para desarrollar la Independencia tal como se llevó a cabo”, expresa Barillas.

Morales señala que la Independencia se declaró rápidamente para evitar, como sucedió en otros países, una guerra en la que participó el pueblo, “por eso aquí no significó la modernización de la economía y la política, solo fue una prolongación de la Colonia”, resalta Morales.

De hecho, el Plan Pacífico tiene similitudes con el acta oficial de la Independencia, que, en su artículo primero, establece promulgar este acontecimiento para prevenir consecuencias terribles en el caso de que la proclamase el mismo pueblo.

 
La negativa de usar símbolos patrios

La comisión señala que el 15 de septiembre harán una conmemoración sin el uso de símbolos patrios ni el Himno Nacional. “Estas son ideas derivadas de la Independencia criolla que no tienen nada que ver con el resto del pueblo”, comenta Morales.

Torres también expone que los símbolos patrios, aunque surgieron después, son parte de un mismo proyecto de la clase económica dominante, que no buscaba la libertad del pueblo, sino llegar al poder para eliminar los obstáculos políticos y económicos de los grupos de españoles y la Corona.

Ideas como celebrar una nación en su cumpleaños y toda la parafernalia que se hace de los símbolos patrios, altares y desfiles cívicos son manifestaciones que justifican y romantizan un suceso que en realidad ha condenado a la miseria a la población. “Es necesario quitar esos velos para mostrar la verdad”, recomienda Torres.

“Los símbolos patrios son externos a la realidad que vive el país, por ejemplo, el Himno Nacional sigue un patrón de canciones de carácter romántico, una de las fuentes del nacionalismo. Es una fundamentación mítica que se refleja en su letra, que además fue escrita por un cubano; él pudo haber hecho el himno para cualquier otro país”, explica Edgar Barillas.

Otro mito del que habla Torres son los llamados “próceres” y la idea de que son los padres de la patria, decir que fueron los grandes precursores de la idea de libertad. “Es necesario cuestionarlos porque gente como Pedro Molina o José Cecilio Del Valle lo que en realidad estaban haciendo era darle coherencia y unidad a esas ideas parciales utilizadas por el sector económico dominante para quedarse con el poder”, deduce Torres.

Colección de libros

La comisión está elaborando la Colección Bicentenario, seis tomos de historia, hasta el momento se han publicado dos: “Los últimos administradores coloniales, el ocaso del reino de Guatemala” y “Gestión y ocaso del Plan Pacífico”, ambos del profesional Horacio Cabezas Carcache.

El tercer libro será del historiador guatemalteco Julio César Pinto Soria, sobre la formación de la nación y del Estado guatemalteco. Los tres tomos restantes son compilaciones de ensayos de diferentes autores guatemaltecos, coordinados por el historiador Edgar Barillas.

También se están realizando seis videos cortos didácticos, con el título “200 años, la nación inconclusa”. De estos ya fueron publicados dos; el primero es “Élites, clan familia Aycinena y Plan Pacífico de la Independencia”.

 

Actividad del 15 de septiembre

En esta fecha la comisión propuso al Consejo Superior Universitario (CSU) hacer una actividad presencial, con una minoría de personas, y transmitirla en línea, en donde se hará un recuento de todas las actividades que se han desarrollado, además de presentar la Colección Bicentenario y la serie de vídeos “200 años, la nación inconclusa”.

 

Plan Pacífico de Independencia

El texto fue encontrado por el periodista e historiador Enrique Del Cid Fernández en los archivos de la familia Aycinena, publicado originalmente el 14 de septiembre de 1967 en El Imparcial.

El mismo revela las componendas para organizar un aparente movimiento ciudadano que proclamó la Independencia, pero en realidad fue un proceso sin ningún cambio significativo para las clases populares.

De acuerdo con Cabezas (2021), contempló las condiciones políticas para que las autoridades del Reino de Guatemala decidieran la separación pacífica de la monarquía española, esto garantizaría la continuidad del sistema económico, político y social imperante, también evitaría una genuina revolución popular.

El documento estableció mecanismos semejantes a los utilizados en la política actual del país para proteger los intereses del grupo económico dominante: arreglos bajo la mesa, corrupción y lo que sea para mantener el status quo. Para poner en práctica el plan, los organizadores solicitaron apoyo militar de Agustín de Iturbide, a cambio, le ofrecieron anexar a México el Reino de Guatemala.

El Plan Pacífico fue elaborado en agosto de 1821 en la Casa Señorial de la Familia Aycinena, grandes comerciantes del Reino de Guatemala, lo cual les permitió ocupar puestos claves políticos y religiosos. Su casa estaba ubicada en la 7ª avenida, entre la 9ª y 8ª calle de la zona 1, abarcaba la manzana completa del Portal del Comercio.

En la creación del texto participaron Juan José Aycinena y su hermano Mariano, así como los redactores del periódico El Editor Constitucional, Pedro Molina, Mariano de Beltranena y José Francisco Barrundia. Ellos querían evitar cualquier innovación política y mantener como jefe de gobierno a Gavino Gaínza, español que llegó a Guatemala en enero de 1821 y asumió el poder cuando Carlos Urrutia no pudo continuar por quebrantos de salud.

Antes de ocupar la presidencia, Gaínza había defendido a la Corona española. Al enterarse de que en México se había firmado el Plan de Iguala, en el que se acordó la emancipación de dicho país, publicó un manifiesto donde acusó a Iturbide de traidor al rey.

Tal vez ese acto sea uno de los más irónicos de la supuesta declaración de Independencia: un español ocupó el primer mandato de la recién creada república, el mismo que antes le rendía tributo al rey de España y lo representaba.

Según indica Cabezas (2021), el Plan Pacífico también contenía acciones como convocar a una junta generalísima para prevenir el desorden público en caso de proclamar la Independencia, convencer a los pobladores de gritar en favor de la Independencia, proteger el sitio de la reunión con una guardia de negros enviados por el oficial Justo Milla, realizar alborotos el día de la junta para ejercer presión pública y arrestar a quienes estuvieran en contra de la Independencia.

Un registro externo, que informa sobre las reuniones en donde se elaboró el plan, data del 3 de noviembre de 1820.

De acuerdo con Cabezas (2021), la protección de los intereses económicos de las familias poderosas fue expuesta públicamente: “José Cecilio del Valle, abogado, político e intelectual hondureño, denunció en su periódico El Amigo de la Patria las reuniones secretas que Pedro Molina mantenía con la familia Aycinena y lo acusó públicamente que en el periódico El Editor Constitucional defendía los intereses económicos de los grandes comerciantes de Nueva Guatemala de la Asunción…” (p. 98).

A finales de agosto de 1821, los impulsores del plan iniciaron una campaña independentista. Según Cabezas (2021), el 27 de ese mismo mes, Pedro Molina cambió el nombre de su periódico por El Genio de la Libertad, y al día siguiente varias familias pudientes se manifestaron prendiendo luces en sus casas en solidaridad con los movimientos independentistas de México.

La firma del acta, desde una perspectiva crítica

El 15 de septiembre de 1821 se llevó a cabo la sesión con 53 delegados, de ellos, 36 civiles y 17 eclesiásticos. Durante el debate se supo que solo 25 personas apoyaban la declaración de Independencia.

Quienes estaban afuera siguiendo los pormenores de la reunión, dirigidos por el marqués de Aycinena, José Francisco Barrundia, Pedro Molina, Basilio Porras y Dolores de Bedoya de Molina, gritaron para presionar a los opositores, lo que provocó un caos, aprovechado por la mayoría de delegados para retirarse del salón.

Solo permanecieron Gavino Gaínza, los representantes de la Diputación Presidencial y el Ayuntamiento de Nueva Guatemala de la Asunción, José Cecilio del Valle y Miguel de Larreynaga, para decidir el contenido del acta.

La celebración no fue aparatosa, según apunta Cabezas (2021): “Algunos historiadores han sostenido que hubo manifestaciones populares de regocijo por la Declaración de Independencia. Sin embargo y sin negar que Juan José de Aycinena y la familia Molina contrataron una marimba y tiraron cohetes para tratar de atraer gente a la Plaza de Armas, Miguel García Granados, dirigente liberal, escribió que, al escuchar las detonaciones, concurrió a la Plaza y que no vio nada extraordinario” (p. 18).

Al fin de cuentas, el 5 de enero de 1822, las Provincias de Centro América, antigua Capitanía General de Guatemala, se unieron al Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide por la siempre entreguista élite criolla de la ciudad de Guatemala, algo llevado a cabo por intereses económicos fuera de cualquier sentido patriótico.

Referencia

Cabezas, H. (2021). Gestión y ocaso del Plan Pacífico. Magna Terra Editores.

 

Por Edson Lozano

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